Durante las últimas tres décadas, desde el famoso artículo del teórico francés Roland Barthes "La muerte del autor", se ha matado al autor de diversas maneras. Sin duda, se trata de una gran contribución a la teoría literaria y a la manera de leer los textos, valorándolos en sí mismos, como producto autónomo, sin tratar de justificarlos por la biografía del autor. Sin embargo, más allá de las propuestas metodológicas y teóricas que adopte el campo académico, no tenemos porqué negarnos el placer de conocer la vida de los autores. Es más, después de tantos homicidios en el arte, es innegable la búsqueda que realizamos los lectores del cuerpo, pero del cuerpo vivo, de los autores. No como un placer anexo sino como algo concomitante a la misma literatura.
El mercado editorial gusta de satisfacer a los lectores, lo demuestran las fotografías y las breves reseñas bibliográficas en las solapas de los libros.
No creemos lícito volver a antiguas posturas que explicaban la obra por la biografía de autor pero sí nos parece muy valioso no ser unos ignorantes acerca de la vida del artista y del contexto en que produjo la obra. Además, no tenemos porqué separar el placer de encontrar el cuerpo del autor tanto dentro como fuera del texto.
¿Y qué mayor placer que la obra en la voz de sus autores? Es una relación maravillosa. Existen allí cosas que no se pueden leer en el texto impreso.
Por eso les regalo, a manera de ejemplo, un fragmento de Rayuela de Cortázar extraído de YouTube.
Cada quien, haga sus apreciaciones.
Rayuela, Capítulo 7
"Toco tu boca, con un dedo toco el borde de tu boca, voy dibujándola como si saliera de mi mano, como si por primera vez tu boca se entreabriera, y me basta cerrar los ojos para deshacerlo todo y recomenzar, hago nacer cada vez la boca que deseo, la boca que mi mano elige y te dibuja en la cara, una boca elegida entre todas, con soberana libertad elegida por mí para dibujarla con mi mano en tu cara, y que por un azar que no busco comprender coincide exactamente con tu boca que sonríe por debajo de la que mi mano te dibuja.
Me miras, de cerca me miras, cada vez más de cerca y entonces jugamos al cíclope, nos miramos cada vez más de cerca y nuestros ojos se agrandan, se acercan entre sí, se superponen y los cíclopes se miran, respirando confundidos, las bocas se encuentran y luchan tibiamente, mordiéndose con los labios, apoyando apenas la lengua en los dientes, jugando en sus recintos donde un aire pesado va y viene con un perfume viejo y un silencio. Entonces mis manos buscan hundirse en tu pelo, acariciar lentamente la profundidad de tu pelo mientras nos besamos como si tuviéramos la boca llena de flores o de peces, de movimientos vivos, de fragancia oscura. Y si nos mordemos el dolor es dulce, y si nos ahogamos en un breve y terrible absorber simultáneo del aliento, esa instantánea muerte es bella. Y hay una sola saliva y un solo sabor a fruta madura, y yo te siento temblar contra mi como una luna en el agua."