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sábado, 21 de marzo de 2009

Experiencia emocional correctiva

  Si hay algo que detesto es la mentira.
  Ni hablar cuando se trata de un mal mentiroso. Para mentir, no sólo hay que ser muy astuto, inteligente, histriónico, etc., sino también organizado y memorioso.
  Una vez conocí un buen mentiroso. No porque haya mentiroso bueno, sino porque mentía muy bien.
  Digamos que corría el año 2005.
  Todos los viernes se junta un par de amigas, una soltera y otra recientemente separada (:-)). La soltera -que llamaremos SO- conoce a un muchacho (MU) por internet en una de esas redes sociales de la web.
  Después de varias sesiones de MSN, combinan para conocerse personalmente.
  Se conocen. SO y MU se entienden de maravilla. Van a cenar, salen a pasear por Paraná. MU es de Concepción del Uruguay y viaja regularmente a Paraná por su trabajo.
  SO y MU se cuentan sus cosas: SO, soltera; MU separado sin hijos. Hubo mimos. Quedaron en volver a verse. Los mensajes de texto y las llamadas auguraban lo mejor. La relación iba viento en popa.
  SO estaba muy ilusionada. Le cuenta a su amiga separada (SE) sobre MU.
  Los días pasan y en uno de esos encuentros de SO y SE, SE le comenta que un muchacho con características muy similares al muchacho con el que está saliendo SO, le ha escrito insistentemente para conocerla y le ha dejado su nº de celular para que lo llame. ¡Qué casualidad! Pero... las casualidades eran muchas. Finalmente, deciden chequear el nº de celular y ¡oh! -adivinen-, era el mismísimo MU.
  No hubo escándalo. No valía la pena. 
  Con un poco de desilusión y corroborando que el mundo es un pañuelo y que hasta al tipo más atento se le escapa la tortuga, SO y SE deciden seguirle el juego un tiempo a MU para ver hasta dónde llega.
  Entonces, SE le manda un SMS a MU. MU la llama. Conversan con fluidez. Resulta que MU está casado y tiene una hermosa hija de 9 años. Quedan en verse en el próximo viaje.
  Ahora sí, hay que sacarse el sombrero: SO y SE le mandan mensajes de texto al mismo tiempo a MU. A veces le preguntan las mismas cosas. MU responde sin vacilar, sin repetir y sin equivocarse a ambas. El calendario de viajes ya no es el mismo. Es decir, para SO es uno y para SE es otro. Pero el amor es el mismo para las dos. 
   Llega el día pautado. SE y MU se conocen personalmente. Charlan. ¡Qué bien se entienden! Pasean de la mano. Van a tomar un café. SE se levanta para ir al baño y con un breve llamado que dice "venite", se confabulan cielo e infierno para terminar con la mentira.
  La charla sigue amena entre SE y MU. MU le muestra fotos de su hija, le hace proposiciones de todo tipo, SE sonríe. Hasta que llega SO y los saluda. SE la invita a sentarse y a tomar un café.
  MU parecía que iba a explotar de toda la sangre que le subió a la cara. ¡Qué manera de transpirar ese muchacho! Y eso que lo trataron amablemente. Solamente le hicieron un par de preguntitas. Imagínense el resto.
  Realmente esperamos que haya sido (como dice SO) una experiencia emocional correctiva para MU, que, antes de mentir, lo piense dos veces.