apenas aparece su faz ante mis ojos
una parálisis irrefrenable me asalta
y la mandíbula dislocada se me cae al piso
y se azota como cántaro que a la fuente va
es que su presencia así de cercana
se me hace como el aroma del café con leche
en una estación de ómnibus a las 7 de la mañana
con medialunas tibias y el calor del viaje en la boca
trayendo o dejando todo el vértigo en el estómago
y un dulce sabor a abrazo en las manos
saberlo cerca
es como pasar por casualidad frente a una panadería
una tardecita fría de invierno
y sentir el olorcito del pan recién horneado
y no resistir el deseo ni intentarlo
y entrar a comprarlo
con unas ganas locas de pellizcarlo
camino a casa
tenerlo ahí ¡tan cerca!
me provoca esa urgencia
que se siente al hallar un libro inesperado
en el estante más escondido de la librería
y comprarlo con la sensación de que te robás un tesoro
y no ver la hora de llegar a destino
acariciándole el envoltorio
hasta poder al fin descubrirlo a solas
las ilusiones suelen ser traicioneras
pero
por más que me digan
antes o después
y finalmente descubra
que al café con leche lo escupió el mozo
y las medialunas eran de antes de ayer
y que el pan era viejo y recalentado
y el libro una real estafa
que no cumplía ni la mitad de lo que prometía en la contratapa
acaso
¿valdrá menos esta dulce ilusión?